
"En París nunca se puede saber cuándo un día que amanece hermoso seguirá siéndolo. Antes de caer la tarde todo ha adquirido el tono del cielo, ahora gris. Bajo este tono, el domingo se hace inconfundible, igual a todos los domingos de todas las ciudades del mundo, porque en este día las cosas presentes se parecen tanto a los recuerdos de ellas mismas, que se hace difícil saber donde acaban unas y dónde comienzan los otros...".
(Maria de Villarino)
Hace ahora -de esto- justo setenta años. Nada. Una vida. Los hombres del occidente, hoy, seguimos recordando, y confundiéndolos con la realidad, los recuerdos de los domingos. Una vida. Nada.
16 comentarios
y en esos setenta años hasta hoy han seguido pasando cosas...todos los días...como esas...o parecidas...en todas partes...nada....que harán que muchos hombres de oriente y occidente, por desgracia, recuerden y sigan recordandolas cuando pasen setenta años...apenas nada...y confundiendolas con la realidad...cada domingo...
se me olvidaba decirle que la pintura es preciosa, y un beso de buenas noches
Ante todo la imagen me encantó, luego el texto, por la profundidad, por hacer ver que una vida parece nada en el vasto tiempo del mundo pero sin embargo ocupa todo nuestro espacio disponible desde que venimos a este mundo.
¿Has pensado lo que un cielo triste debe ver en nosotros después de repetirse infinitamente a través de los tiempos?, tal vez por eso está triste, porque ve vidas que pasan y él se queda con "nada", porque después de todo el que sufre la "nada" es el tiempo y nosotros nos robamos y llevamos lo bonito de él.
Un abrazo, amigo.
¡Ahh! me olvidaba amigo... espero que te pases por mi blog y dejes algún comentario, pues los comentarios de los escritores que aprecio son positivos para seguir adelante.
Un abrazo.
Miguel
Desde que lo he descubierto, me paso puntualmente por tu blog. De hecho, lo estoy leyendo entero, desde el primer post que publicaste. Ocurre que no se me ocurre nada que decir que aporte algo interesanet a lo ya relatado por ti. Ten en cuenta que el meollo de tus escritos no lo componen hechos ni tampoco opiniones -sobre los que resulta más fácil pronunciarse- sino de manera fundamental sensaciones.
Ya me gustaría a mi que se me ocurriera algo que decir y poder atraer de esa forma hasta mi blog la atención de alguna de tus fieles seguidoras. Pero, cuando me dispongo a hacerlos, me da por pensar que mis comentarios a tus textos van a resultar forzados o inicuos. Y reculo. Sin embargo, como creo que los escritores anónimos debemos hacer piña enter nosotros y tú así lo quieres, a partir de hoy empezaré a dejar comentarios en tu blog. Confío en no decepcionarte.
Sarah
Gracias, como siempre, por participar en el blog. Esta vez, ayudando con tus palabras a cerrar el sentido último de mis pensamientos. ¡Perfecto!.
Un fuerte abrazo a ambos!
No creo en la literatura femenina (o masculina si fuera el caso), y la literatura feminista, como toda la militante, si es literatura no es feminista (aunque se la reivindique), y si es feminista no es literatura (sino panfleto o lo que sea), pero el texto de arriba sólo lo podría haber escrito una mujer; porque lo que sí hay es una sensibilidad masculina o femenina, una mente masculina y femenina (con vastas zonas comunes), etc. O, además de una mujer, esa mujer, sólo lo podría haber escrito Julio Ramón Rybeiro, creo.
De ambos textos, el de arriba está escrito por una periodista argentina, Maria de Villarino, al que el diario La Nación encomendó entrevistar a Pio Baroja durante su estancia en París, en el año 39.
El de abajo, es mío. Obvio.
Hay escritores, buenos, regulares y malos. Y, a esos efectos, es exactamente lo mismo que sean hombres o que sean mujeres.
Un abrazo!.
sí, pero malos y malas, buenos y buenas
Lansky,
Vale.
Voy a ir más allá. Incluso dentro de la denostada literatura de mujeres, a la que aludes, un género literario como cualquier otro, hay también escritoras excelentes como Rosamund Pilcher o Victoria Holt (¿o es la misma?) en la estela de Wilkie Collins y la mejor escena romántica inglesa del XIX.
Lansky y todos los demás,
¿Qué opinas de autoras como Jane Austen, Edith Wharton, Margaret Atwood? ¿dónde encuadrarías el género que practican?.
¿Qué hace Murakami?. Literatura para mujeres escrita por un tío, obviamente. ¡Y justo ahí radica la clave de su éxito!. Algo que más o menos intenté hacer yo ayer con el nuevo post: "Los hombres/ Las mujeres".
Abrazos.
A Jane Austen la soporto dificilmente: nos separan más siglos de los que parece, pero adoro a George Eliott, especialmente Midellmarch
De Edith Wharton hay cosas que me gustan y otras no (mucho sus relatos memorialísticos y de viajes,
Margareth Atwood me parece maravillosa, sea mujer, hombre o hermafrodita canadiense
Murakami me cansa, salvo en sus novelas cortas, pero reconozco su pero comparte una cosa conmigo: practica natación de larga distancia y piensa que el mundo femenino es esencial y etimológicamente hermético (de Hermes y de hermeneútica)
¿Hermes, la marca de bolsos?.
(A ver si hay alguna que entra al trapo y se anima el cotarro. Dicho con voz sibilina)
no, la de pañuelos, como la que lleva la ilustración de tu último post
Es Mucha. Aunque no lo parezca.
Y, aunque no lo parezca, es uno de los relatos que he escrito que tiene más de autobiográfico. "¡Pero eran hortensias, no lilas!". Me ha corregido ella.
¡Cómo se acuerdan ellas de ese tipo de cosas!. ¡Y cómo les cuesta expresarlas en virtud de ese hermetismo del que habláis Murakami y tú. Y que yo también aprecio.
Bonito retrato el de la mujer sentada y bonita reflexión sobre Paris...
Querida Aurora
Ninguna de las dos cosas que dices haberte llamado la atención de este post, es obra mía.
En todo caso, muy honrado por el detalle de haber incorporado el link a mi blog a "Palinka".
Un fuerte abrazo!.
Cuando dices que es Mucha, hablas de la ilustración del siguiente post, ¿verdad? no de la de este. Porque de esta no me creo que sea Mucha aunque me lo jures de rodillas. La del otro sí lo parece, de hecho es bastante típica.
Lo siento, pero Murakami me carga considerablemente. Solo he leído Tokio Blues y Kafka en la orilla y no sé de cuál he acabado más hasta el gorro, de modo que salvo que me insistan mucho -a mi mujer le gusta, el matrimonio tiene esas cosas- no repetiré.
No tiene nada que ver, pero acabo de leerme "Lo que arraiga en el hueso", de Robertson Davies, y me ha parecido sumamente recomendable. De modo que aprovecho para recomendarla.
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